Esa mantita que nunca suelta ¿Qué es un objeto transicional y por qué es tan importante para tu bebé?
Si alguna vez has visto a un bebé aferrado a una mantita, peluche o incluso a una camiseta vieja de mamá, es probable que estés viendo a su “objeto transicional”. Y no, no es un simple capricho infantil. Esto en realidad tiene un significado muy profundo en el desarrollo emocional.
Te explico, el concepto de objeto transicional fue desarrollado por el psicoanalista Donald Winnicott. Él observó que, entre los 6 meses y los 2 años de vida, muchos bebés comienzan a apegarse emocionalmente a un objeto (como una cobija o muñeco) justo en el momento en que están empezando a separarse de la figura materna o de quien los cuida. ¿Qué significa esto? Que el objeto les ayuda a transitar de un estado de dependencia total a uno en el que pueden empezar a estar solos, al menos por ratitos.
Ese peluche no es “solo un peluche”. Para el niño, representa seguridad, consuelo, compañía. Es una forma de seguir sintiendo la presencia de mamá o papá, aunque no estén físicamente en ese momento.
En palabras simples: es como si ese peluche tuviera un poco del cariño que el niño siente cuando está con mamá, pero en versión portátil.
Este objeto tiene funciones muy profundas:
-
Calma la ansiedad de separación.
-
Brinda seguridad en momentos nuevos o inciertos.
-
Ayuda a construir autonomía emocional.
Muchos padres se preocupan porque creen que este apego a un objeto puede ser dañino o signo de debilidad. Pero en realidad es todo lo contrario. El uso del objeto transicional es una señal de que el bebé está empezando a desarrollar autonomía emocional. Está aprendiendo a calmarse, a autorregularse y a enfrentar el mundo poco a poco.
Y es entendible que como mamá o papá, pueda ser desesperante ver que no quiere soltar su mantita ni para lavarla, pero acompañar este proceso sin forzar separaciones bruscas es clave. Con el tiempo, si el desarrollo emocional va fluyendo bien, el niño dejará ese objeto por sí solo. No hay que quitárselo, ni burlarse de él, ni obligarlo a “crecer”.
Mi consejo: no le quites el objeto transicional de golpe. No lo ridiculices por necesitarlo. Este vínculo desaparece gradualmente cuando el niño se siente lo suficientemente seguro sin él. Y si lo acompañas con paciencia y cariño, ese proceso será mucho más fácil. Y para ser honesta yo creo que estos objetos tienen algo mágico y bonito: son una especie de compañero silencioso de lo que el niño va sintiendo y conociendo mientras empieza a caminar por la vida. No hagas que tu hijo se pierda de esa bonita experiencia.
Referencias:
Nagera, H. (2000). El desarrollo emocional temprano y el objeto transicional. Revista de Psicología del Desarrollo, 15(2), 25-40.
Pérez, L. (2018). El objeto transicional y su papel en la autorregulación emocional infantil. Psicología Infantil Hoy, 9(1), 11–18.

Comentarios
Publicar un comentario