¿Qué tipo de familia soy? Y por qué eso no define si lo estoy haciendo bien

 


Si imaginamos una conversación entre adultos de variedad de edades, cuando se habla de crianza siempre sale la típica frase a relucir: “Es que ya no hay familias como antes”. Y siempre me quedo pensando… ¿a qué se refieren con “como antes”? ¿Una mamá, un papá, dos hijos y un perro los domingos con carne asada? Porque si vamos a ser honestos, esa imagen no representa a la mayoría de las familias de hoy. Y está bien.

Si lo queremos ver desde la psicología, entendemos que la familia no es una estructura fija, sino un sistema dinámico que cambia con el tiempo, con las circunstancias sociales, económicas y culturales. Lo esencial no es cómo está compuesta una familia, sino cómo se vive dentro de ella. Si hay cariño, respeto, cuidado mutuo, límites sanos y una red emocional segura, eso ya es una familia funcional.

HOY existen muchas formas de familia, y todas pueden ser igual de válidas:

-Nuclear tradicional: madre, padre e hijos. Es el modelo más difundido, pero no el único que puede ofrecer estabilidad y amor.

-Monoparental: uno de los padres cría solo a los hijos. Puede ser por elección, por separación, fallecimiento o incluso abandono. Muchas veces estas familias desarrollan una relación muy sólida basada en la colaboración y el apego seguro.

-Extendida: incluye abuelos, tíos u otros parientes que viven en el mismo hogar o participan activamente en la crianza. Este tipo de familia puede ofrecer una red de apoyo muy rica, siempre que haya límites claros y respeto mutuo.

-Homoparental: formada por dos madres o dos padres. A pesar de los prejuicios que aún existen, la evidencia científica es clara: el desarrollo emocional de los hijos no depende del género u orientación de los padres, sino de la calidad de los vínculos.

-Reconstituida o ensamblada: cuando uno o ambos padres forman una nueva pareja, y conviven hijos de relaciones anteriores. Estos sistemas pueden ser complejos, pero también ofrecen la oportunidad de crear nuevas formas de convivencia basadas en el respeto y la flexibilidad.

-Adoptiva o de acogida: donde el vínculo no es biológico, pero sí profundamente emocional. La adopción implica un acto de amor consciente, y si se da en un entorno afectivo estable, puede ser una de las formas más poderosas de construir familia.

Y también están las familias que no caben fácilmente en ninguna categoría: quienes crían a sus hermanos, quienes crecen con una figura cuidadora no parental, o quienes forman redes de apoyo entre amigos que funcionan como familia. La realidad es más compleja (y más rica)  que cualquier molde tradicional.

Entonces, ¿Qué tipo de familia soy? Esa pregunta no debería generar culpa ni vergüenza. No se trata de encajar, sino de revisar cómo nos relacionamos, cómo resolvemos conflictos, cómo acompañamos emocionalmente, cómo criamos. Porque sabemos que lo que verdaderamente daña no es vivir en una familia “no convencional”, sino:

-la inestabilidad emocional constante,

-la violencia (explícita o silenciosa),

-la falta de presencia afectiva,

-la sobreexigencia,

-el desinterés o la indiferencia.

A veces, una mamá soltera con una red de apoyo sólida ofrece más contención que una pareja que se vive en conflicto crónico. A veces, una abuela que asume el rol de cuidadora lo hace con más ternura, paciencia y consistencia que muchos adultos jóvenes. Y a veces, el modelo que “se ve completo” por fuera, por dentro está lleno de silencios, tensiones y ausencias emocionales.

Ser familia no es aparentar estabilidad, es construirla. No se trata de cumplir con un formato socialmente "aprobado", sino de generar un espacio donde cada miembro se sienta seguro, visto, amado y respetado. Donde exista lugar para el error, pero también para la reparación. Donde los vínculos se trabajen, no se den por sentados.

Así que si hoy te preguntas si tu familia “es normal”, piensa en si tus hijos se sienten amados, cuidados, y saben que pueden acudir a ti cuando lo necesitan, si es así, entonces vas por buen camino. No importa si estás criando con pareja, sola, con tu mamá, o con una comunidad entera. La normalidad no está en la forma, sino en el fondo. Y en eso, lo que tú construyes cada día, importa muchísimo.

Si este tema te gustó y te gustaría verlo representado en una historia, te recomiendo la serie "The Fosters." Cuenta la historia de una familia formada por dos mamás que crían hijos biológicos, adoptivos y de acogida. Muestra muchas de las cosas que hablamos aquí: amor, cuidado, límites sanos y vínculos reales, más allá del modelo tradicional. Es de mis series favoritas desde hace mucho, considero que es una forma linda y real de ver que lo que hace a una familia. no es cómo se ve por fuera, sino el amor y el cuidado que se vive dentro.


Referencias:

Aranda, C., & Sánchez, M. (2019). Transformaciones familiares y crianza en contextos actuales. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, 17(2), 43–58.

Rivera, L., & González, S. (2016). Nuevas configuraciones familiares: más allá del modelo tradicional. Revista de Psicología, 34(1), 85–98.

UNICEF. (2021). La familia en el desarrollo infantil. Recuperado de https://www.unicef.org/mexico/


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